Soy un ser humano común y corriente, sin embargo la soledad es para mí ya una maldición, las personas me rehuyen como si fuera un enfermo de lepra. Reconozco que no tengo la mínima facilidad para entablar relaciones interpersonales, pues sólo me basta empezar a hablar de mis traumas, para que nunca más me vuelvan a dirigir palabra alguna.Dentro de mí una furia interna me hace trizas la existencia y deteriora mi ya de por sí mal llevada afinidad para las relaciones públicas. La mayor parte de las veces arrebato en un estallido impulsivo de cólera irracional, que muchas veces no entiendo y cuando quiero remediar la situación, es demasiado tarde y todo lo que pude haber fincado en un segundo lo destruyo y termino nuevamente solo, como Jesucristo en alguna cruz que ha sido olvidada entre arrumacos.
Cientos de veces me hago el firme propósito de cambiar, ser más amable, incluso en el trabajo últimamente he tratado de hablar con mis compañeros sin enfurecerme y evitar al máximo ofenderlos, pero siempre hay ciertas situaciones por insignificantes que parezcan, se tornan motivo suficiente para estallar y echar a perder todo lo que pude haber logrado.
Como dicen los españoles, soy un jolín traga ostias, un ave de mal agüero que siempre la está... Cambiando de tema, no sé porqué demonios todo me enfurece, todo me parece mal y cada vez es peor, en el trabajo ya no me controlo, mi familia ya no me soporta; es más, hasta el tendero me prohibió que me apareciera por su establecimiento. Afortunadamente no tengo hijos, si no ya hubieran corrido con la misma suerte que mi perro; aunque el veterinario dijo que fue un accidente, estoy seguro que el maldito animal decidió suicidarse, dudo mucho que un perro bien entrenado y acostumbrado…, claro, después de tres años habitando la mayor parte del día en la azotea, ¿cómo pudo caerse?, es ilógico.
Aún recuerdo aquel día cuando regresábamos mi perro y yo de su rutinario y monótono paseo matutino; por cierto, ese día me enojé con Doña Irene, se molestó por que le critiqué su carro recién salido de agencia, de cualquier forma su patas de hule era una verdadera porquería; sin embargo sus palabras aún resuenan en lo más profundo de mi orgullo –¡por qué jolines no va mejor a fastidiar a su abuela! –En fin, no hay día en que no inicie la jornada con problemas.
Total, después de regresar a casa con mi perro, escuché frente a mi casa el rechinido de unas llantas y salí para ver quién demonios se atrevía a joderme la paz; ¡cuál fue mi sorpresa!, bajo las llantas de un camión de la Coca Cola yacía mi mascota. Imagino que el maldito animal cuando vio que se aproximaba el armatoste, saltó de improvisto hacia las ruedas del automotor y de esa manera conseguir al fin librarse de mi yugo.
Recuerdo que colérico comencé a propinarle de patadas al cuerpo inerte de Flash, no tanto porque lo quisiera mucho, sino porqué pague una fortuna por él como para que viniera a matarse y encima de todo a manchar el frente de mi casa con su sangre. Continuaba dándole una zapateada a mi can, cuando descendió el chofer del cacharro y me apartó buscando tranquilizarme, mientras me decía –fue un accidente, a veces los perros enloquecen debido al encierro –Le respondí –encierro mis cojones, como no vas mejor a joder a tu madre. – No pude terminar de expresar la última palabra, cuando ya me estaban bañando a golpes el chofer y su chalán.
Así que terminé la mañana de ese día tendido en el piso junto a mi perro, ambos completamente ensangrentados. Tortuosamente uno de mis vecinos se acercó para vernos mejor, creí que me ayudaría, pero el bastardo tomó a mi mascota y lo metió en una bolsa negra; mientras que a mí, claro, me dejó abandonado a mi suerte, como si fuera cualquier animal tirado en el pavimento, a pero que no se le ocurra intentar saludarme, porque entonces sí le voy a responder como se lo merece. En conclusión, con la visión limitada debido a la inflamación producto de los hematomas y edemas en mis ojos, distinguí que los desgraciados de mis vecinos, se confabulaban para hacerle un funeral a Flash, incluso escuche que alguien ofreció el patio de su casa para que ahí fuera sepultado. Malditos ya me vengaré.
Por todo lo que me ha sucedido desde el mismo día en que nací, he decidido suicidarme hoy, 12 de diciembre, día de mi santo; claro, tengo un nombre muy varonil, Mario Guadalupe, que joda me acomodaron desde mi bautizo.
En fin, degusto mi última cena como reo en Texas, sobre la mesa y junto a una copa de vino tinto una arma 9 milímetros está preparada, en su recamara he depositado una bala Dum Dum que le compré a un judicial que me arrestó el otro día; todo porque…, bueno, bueno, eso ahora es lo de menos. Mi único objetivo es destrozarme la bóveda de las ideas para así finalmente liberar a mi espíritu maldito y atosigado por la ira.
Para no hacer ruido y evitar fastidiar aún más a los vecinos, que por cierto muchos se han estado mudando, no los culpo, pues si yo viviera junto a alguien como yo, también emprendería la huída; otra vez me estoy desviando del tema como es mi costumbre. En que iba, ¡ah sí!, el chiste es que conseguí un silenciador en el mercado negro, cubrí los muebles y la alfombra con hule, así cuando en medio de la sala me ejecute, invariablemente de donde caiga no manche absolutamente nada; porque ¡ah como odio las manchas!, luego cuando tratas de quitarlas, independientemente del producto de limpieza que utilices, las malditas se adhieren a las superficies y hagas lo que hagas, las muy perras… Ya, ya, respira profundo Guadalupe, tranquilo; a ver, a ver, auto cosquillas en la papada.
Ahora sí todo preparado, me coloco al centro de la sala, pongo el cañón del arma en mi boca y... ¡”Ring, ring”; ¿quién jodidos se atreve a llamar en este preciso momento?, ¡qué inconscientes, imprudentes y huevos duros! –Bueno, ¿quién chinga…? ¡A hola mamá! (Pienso: maldita arpía tan inoportuna); sí, sí; no, no; claro que no; sí, sí; ándale pues; para comer; claro que sí; no, no, no es cierto eso; ¡eh!, no hoy no puedo, en serio; adiós, sí, sí, lo que mandes, bye.
-¡Maldita bruja, malparida!
Y una vez más en el arrebato de cólera lanzo el arma contra la pared y como ya estaba cargada, se detonó y la estúpida bala vino a aniquilar al microondas, que en medio de una rechifla de chispas cae fulminado al piso de la cocina.
-¡Ahora dónde chinampas consigo otra bala! –Grito desaforadamente. –Son tan caras y más las Dum Dum, ni modo que vuelva hacer que un judicial me arreste para que me venda una bala, lo más seguro es que me pida un importe mayor que en el soborno anterior; ¿qué haré?
Inmerso en un histérico ataque de cólera pura, comienzo a propinarle de patadas a los restos plásticos del microondas, hasta que de una patada lo envío a través del cristal de la cocina y ahí quedó tirado en medio del patio, junto con mi orgullo y última pizca de dignidad, siendo rodeados solamente por añicos de cristales.
Me echo a llorar debido a la rabieta que ha superado todas mis capacidades, lo único que me queda es joderme y aguantarme, doblo cuidadosamente los hules y recojo el arma, ya me habrán de servir para algo más, ignoro para que, pero en fin.
No cabe duda, nací con muy mala estrella, totalmente estrellada y opaca. Maldita sea. Los malditos arrebatos de furia no me permiten siquiera tener un suicidio en paz. En resumidas cuentas, guardo todo y estúpidamente me postro en el sillón del estudio, mientras enciendo un cigarro y del taburete tomo otro libro de yoga buscando tranquilizarme; no hay dudas, soy un ser colérico hijo de un eclipse no logrado.
FIN.
